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Archivos del mes junio, 2010

El Banco Central sostiene el tipo de cambio argentino

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La fuerte intervención del Banco Central en el mercado posibilitó ayer sostener el tipo de cambio. Según los operadores porteños, la entidad salió a comprar unos U$S 240 millones y así posibilitó que el dólar no registrara movimientos en su cotización mayorista (quedó en $ 3,926), ante un escenario de exceso de oferta. De la misma manera, el dólar se clavó en $ 3,94, para el tipo vendedor, en casas de cambio y bancos de la city porteña.

El Banco Central ha comprado unos U$S 400 millones desde el lunes, para evitar una apreciación de la moneda local.

El volumen negociado ayer ascendió a U$S 755 millones en el mercado de contado (spot) y fue de sólo U$S 38 millones en el de futuros. “Hay un desarme de posiciones de empresas que necesitan hacerse de pesos para remunerar los aguinaldos, a fines de junio”. En el mercado marginal, el dólar paralelo cerró en $ 4,01 y el “contado con liquidación”, en $ 3,94.

“Con esta decisión, el Central está manteniendo estable el tipo de cambio, al menos hasta que termine el canje de la deuda y para que no haya demasiadas sorpresas y mayores movimientos en el mercado cambiario“, dijo ayer Antonio Cejuela, de la firma Puente Hermanos. Según el economista, el único cambio que se percibe en el mercado es que los exportadores liquidan cada vez menos divisas. Las intervenciones del Central “serán fundamentales para contener al dólar en los actuales niveles”, opinó Carlos Risso, de Zonabanco. En las casas de cambio de Tucumán, el dólar tampoco registró grandes variaciones.

En una rueda no exenta de volatilidad y en medio de la alternancia de alzas y bajas en Wall Street, la Bolsa porteña ayer quebró con una mínima diferencia una racha de seis ruedas de subas consecutivas. El termómetro más consultado en todos los análisis bursátiles, el Merval, terminó en 0,12% abajo.

Los títulos públicos, por su parte, quedaron en su mayoría con signos positivos, del orden del 1,41% cuando se trató del Discount en pesos, el principal título del canje de deuda de 2005.

En Europa, los mercados bursátiles volvieron a cerrar con signo positivo por sexto día consecutivo, aunque esta vez los márgenes fueron muy moderados, que expresados en el índice Eurofirst representaron apenas un 0,1%. A su vez, el euro mejoró su relación con el dólar por séptimo día consecutivo, esta vez por las dudas que despierta la economía estadounidense y quedó a U$S 1,2316.

Devaluar o bajar los costos (?¿)

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Los problemas de competitividad de la Argentina son evidentes y más evidentes. Las importaciones están creciendo agresivamente y como diez años atrás, la industria vuelve a tener dificultades para competir en los mercados internos y las plazas internacionales.

Pero el culpable eterno de la escasa competitividad argentina, el tipo de cambio, esta vez mira desde un costado. Es que aunque la aceleración inflacionaria, la estabilidad del dólar y el aumento rápido en las importaciones, generan la percepción de que el tipo de cambio está tan sobrevaluado como en la convertibilidad. Un análisis rápido de las diferentes mediciones de tipo de cambio real, confirma que esto no es así: el desborde de los precios ha ido reduciendo rápidamente la ventaja cambiaria lograda con la devaluación, pero aún no la eliminó.

El tipo de cambio real actual ajustado por la inflación interna y los precios de EE.UU. sigue siendo 23% superior al que había en 2001. Y si se toman medidas más representativas de la competitividad cambiaria, como son los tipos de cambios reales bilaterales con los principales socios comerciales, se obtienen conclusiones similares. Con Brasil, país que explica el 21% de las exportaciones argentinas y el 30,5% de nuestras importaciones, el tipo de cambio real bilateral aún resulta 109% más competitivo que en 2001. Lo mismo sucede con otros grandes socios comerciales como Estados Unidos, China, o la Unión Europea. Con los países de la zona euro se mantiene una competitividad cambiaria 83,5% mayor que en los ’90 y con China 47,1% superior.

Claro que esto nos lleva a la pregunta obvia: ¿por qué si el tipo de cambio es más competitivo que en los ’90, las empresas muestran dificultades similares o mayores a las que tenían en esos años?

Está claro que la Argentina ya no tiene el tipo de cambio super alto que logró mantener entre 2002 y 2006. Hoy el tipo de cambio real es 40,5% menor al promedio de aquellos años, y solo en lo que va de 2010 perdió casi 10% de competitividad. Pero aún así, el tipo de cambio todavía debería darle oxígeno a la industria.

¿Por qué no lo hace? La respuesta está en los costos de producción, que registran aumentos sostenidos y agresivos desde 2002. Concretamente: desde aquel año, los precios promedio de las materias primas, que son insumos básicos para la producción industrial, se duplicaron en dólares y subieron 610% en pesos, el salario obrero se multiplicó por 5 veces, y la presión tributaria, en lugar de ser una herramienta de apoyo a la competitividad, aumentó casi 10 puntos porcentuales oprimiendo al sector productivo.

Esta realidad da lugar al dilema actual: el dólar a $3,9 es insuficiente para la estructura de costos que tiene la industria. O lo mismo es decir, los costos de producción actuales sólo son viables con un tipo de cambio mayor.

Para resolver este dilema, hay dos caminos: el más simple pero de alto riesgo, que es la devaluación; o el más sofisticado pero sostenido que es utilizar la política económica para inducir bajas de costos. Esto no significa reducir el componente más frágil de los costos (el salario), sino atacar el componente tributario y financiero.

Los fundamentales de la argentina hoy no son los adecuados para utilizar el ajuste cambiario como medida pro-competitiva. Con una inflación que está rondando el 25% anual, un retoque en el tipo de cambio llevaría a un problema mayor, que rápidamente terminará socavando la ventaja cambiaria que se pretendió lograr. Según estudios que venimos realizando desde el año pasado en CERX, la asociación devaluación-inflación sigue muy arraigada en la población argentina. Por ejemplo, frente a subas del dólar, 85% de la gente teme disparadas de precios, y el 75% del público considera que si el dólar subiera 20%, los precios subirán 20% o más. Es decir, el pass-through psicológico para la mayor parte de la población, es de 100% y eso incrementa los efectos negativos de una devaluación.

Pero más allá de los análisis sobre la conveniencia o no de devaluar, y a pesar que el gobierno parece tener en claro que no es momento de un retoque cambiario, la realidad se impone, y en la medida que la inflación avanza los problemas de competitividad se agravan, poniendo en riesgo el mercado laboral.

La Argentina hoy no tiene margen para devaluar, porque cualquier movimiento levemente agresivo en el tipo de cambio activaría una cadena de consecuencias. Sin embargo, si no se ponen en marcha políticas para reducir costos, como puede ser un reordenamiento y recorte tributario o políticas para reducir costos financieros, será inevitable activar el camino fácil… el de las devaluaciones competitivas, que alivian un dolor con otro, pero no solucionan los problemas de fondo de la industria argentina, que son sus costos excesivos.

Victoria Giarrizzo Economista y Directora de CERX

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