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Futuro del dólar

Cerca ya del “aluvión sojero”, y bajo las influencia de las últimas ofensivas oficiales, el mercado cambiario se va estructurando en esta suerte de desdoblamiento imperfecto conforme a los objetivos oficiales: es decir consolidándose en torno a una brecha menor al 10% entre el paralelo y las casas de cambio. No hay razones de peso para preveer un cambio significativo a corto plazo. Así, se proyecta un dólar libre en los $5,03 dentro de un año, y un paralelo 40 centavos por encima.

La fuga de capitales cedió luego de las elecciones, ya que a pesar de que la percepción por parte de muchos agentes económicos de que existe retraso cambiario, y aunque se va diluyendo la “ilusión monetaria“, la capacidad disuasora del Estado puesta al servicio de proteger las reservas está dando resultados.

El Gobierno sabe que no tiene un programa económico “ancla” que le permita contener desde lo monetario y fiscal las consecuencias no deseadas de una devaluación, y por lo tanto lo único que hace es aumentar los controles. El mercado hoy está paralizado, salvo en lo comercial: las empresas demoran el envío de utilizades al exterior (por el mercado oficial) ya que en la práctica requieren autorización, al tiempo que la intervención directa del Secretario de Comercio sobre cambistas, virtualmente congeló las transacciones en el marginal.

Todo converge a concluir que los controles formales y no formales seguirán siendo efectivos, pero más allá de eso hay un problema cambiario (retraso) por lo que es fácil conjeturar que habrá que esperar un mix entre devaluación y pérdida de divisas. La devaluación de 2012 será mayor a 2013, aunque seguramente lejos de la inflación real.

Esto contribuirá a enfriar la economía, pero difícilmente se alcance un punto de fractura, ya que desde abril hasta agosto de 2012, probablemente se reconstruya una parte de las reservas perdidas, aún cuando ya están en el umbral de los u$s44.000 millones.

Mirando ya hacia el mediano plazo, sin embargo hay que postular que la cotización no crecerá significativamente por encima del costo de vida (bien calculado) durante el resto de la “era K”, dada la cadena la subordinación de la economía a la política, a la dominancia de la política fiscal sobre la monetaria, y sobre todo dada la posibilidad de que el Gobierno vuelva a emitir deuda en el mercado internacional.

Solamente un “imponderable” como una sequía o un gravísimo conflicto político-institucional que dispare una nueva y más masiva fuga de capitales podría alterar esta trayectoria que, sin dudas termina en un nuevo show de endeudamiento público.

Es más, a mediano y largo plazo no hay que esperar un tipo de cambio REAL (descontada la verdadera inflación en la Argentina y cargada la inflación norteamericana) mayor de un 20% al que rige actualmente. Es que adicionalmente, si bien el dólar seguirá siendo en el mundo una reserva de valor, la hegemonía -económica, militar y geopolítica- de los Estados Unidos tenderá a ceder frente a las monedas asiáticas, y de a poco también su influencia en el comercio mundial irá siendo menor. Entonces si el dólar se devalúa contra otras monedas, el peso lo acompañará sin necesidad de devaluarlo. En este contexto esperamos un dólar “débil” contra las principales monedas en el mercado mundial al menos hasta 2014.

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